1 sept. 2011

Bloodlines de Richelle Mead

Me parece tonto hacer la advertencia a estas alturas pero por si algún despistado ha estado viviendo en una zanja y aún no ha escuchado las palabras claves "Belikov, Roza, Dhampir Moroi o Strigoi" ahí va: Bloodlines es el primero de los seis tomos del spin off de Vampire Academy, libros completamente paralelos a todos los entresijos de La Corte, pero que inevitablemente sacan a colación a nuestros chicos vampiros favoritos y sus aventurillas. Por ello, si no has leído la saga completa de mi adorada Rose Hathaway no empieces a leer esto, porque te voy a spoilear inevitablemente seis magníficos libros que, sin duda, será mejor que leas -y sufras- por tu cuenta.

Y ahora la reseña de Bloodlines con sipnosis traducida por mí.

Sinopsis:

La sangre de Sidney es especial. Esto es así porque Sidney es una "alquimista", un grupo de personas que temen a la magia y sirven de puente entre los humanos y los vampiros, protegiendo los secretos de estos últimos y la vida de los primeros. Sin embargo, el último encuentro de Sidney y los vampiros la ha metido en problemas, haciendo que los alquimistas duden de ella y su lealtad, poniendo su futuro en juego.

Cuando Sidney es despertada en mitad de la noche, lo primero que piensa es que el motivo es el recibir un castigo por su alianza con Rose Hathaway. Sin embargo es peor. Jill Dragomir, la hermana pequeña de la Reina Moroi Lissa Dragomir está en peligro, y los Moroi necesitan enviarla lejos para esconderla. Para evitar una guerra civil entre los vampiros, Sidney deberá convertirse en protectora y guardiana de Jill, haciédose pasar por una alumna de un prestigioso internado humano en Palm Springs (California). Lo último que Sidney desea es que la acusen de simpatizar con vampiros... y ahora deberá convivir con uno.

La Corte Moroi cree que Jill y Sidney estarán a salvo en el internado Amberwood, pero las trampas,  distracciones y el amor prohibido se esconden tanto dentro como fuera de la escuela. Ahora que están escondidos, esto es solo el comienzo del drama para ellos... 
 
Hay regresos y regresos.

Después de haber ayudado a Rose Hathaway a probar su inocencia, la vida de Sidney se ha convertido en un infierno, metafóricamente hablando, claro. Tanto su padre como los altos cargos de los alqumistas creen que Sidney confrarteniza demasiado con el mundo vampírico, así que ha sido destituida de su papel como alquimista y enviada a casa a la espera de un castigo.

Un dia cualquiera a mitad de la noche, Sidney es despertada bruscamente por su padre y otros alquimistas que necesitan su ayuda: Jill Dragomir ha sufrido un ataque por parte de los Moroi rebeldes para derrocar a su hermana y Reina Moroi Lissa Dragomir, así que necesitan poner tierra de por medio y ocultarla ipso facto en algún lugar recóndito difícil de localizar tanto para los Moroi como para los Strigoi. Para ello, Sidney se traslada junto a Jill y su guardián dhampir Eddie Castile a Amberwood, un internado situado en la calurosa Palm Springs, California.

Bajo un sol abrasador, Sidney deberá acoplarse a la vida estudiantil y hacerse pasar por la gemela de Eddie y hermana de Jill, pero no lo tendrá nada fácil. Para empezar se encontrará con su archienemigo y alquimsta jefe de la zona Keith Darnell, luego tendrá que resolver la aparición de unos tatuajes misteriosos muy parecidos a los de los propios alquimistas que le dan cierto poder a quién lo lleva... y para terminar, los nervios de Sidney serán puestos a prueba con Adrian Ivashkov, un Moroi que bajo su atractivo esconde a un James Dean en potencia lleno de sarcasmo y amargura. 

Y hasta aquí puedo llegar.

Preparaos, porque esto va a ser kilométrico.

Las comparaciones son odiosas pero de igual manera inevitables, sobretodo cuando hablamos de sagas de la misma autora y que tienen un trasfondo parecido. Comparar Bloodlines con los seis libros de Vampire Academy es una masacre en toda regla porque saldría perdiendo por goleada -vamos a ver, son seis contra uno, al menos que seas Lobezno no saldrías victorioso-. Pero si hablamos de primeros libros, que es de lo que va la cosa, Bloodlines me ha gustado más que el primer tomo de Vampire Academy. Lo sé, es algo duro de admitir que una alquimista le gane la partida a mi dhampir favorita -duro e inimaginable, qué mierda-. Pese a ello, creo que no es tanto mi amor por Sidney como lo que tiene a sus espaldas lo que me ha hecho decantarme por el spin off. 

Bloodlines es todo lo que no se llegó a ver y todos deseábamos saber en Vampire Academy. No es la vida de Rose, ni las historietas de Lissa, las enigmáticas sonrisas de Christian o los abdominales de Belikov lo que prima en este libro, ya que de hecho ninguno de ellos sale en este salvo Rose, y solo en un capítulo. No. Todo ese embrollo queda apartado y el objetivo gira a los secundarios, esos únicos e inigualabes secundarios por los que hemos sufrido, sonreído e incluso suspirado, y que ya sea por no relatar La Biblia o sacar money money a esas fans alocadas por un spin off -me incluyo, of course-  se han hecho de rogar y hemos podido rasgar la superficie y saber más de ellos gracias a la pluma vampírica de Mead. 

El libro está relatado en primera persona por Sidney Sage, una alquimista que vimos por primera vez en la estepa rusa de Spirit Bound y que ahora ha ido a parar a la calurosa Palm Springs, habiendo entre un lugar y otro cuatro libros de por medio. Sage es sociable a su manera, estricta, mandona y leal, pero su personalidad se ve limitada por el desprecio que le han inculcado desde la infancia hacia los moroi y los dhampirs, lo que le provocará ciertas contradicciones en su convivencia con Jill, Eddie y Adrian. 

Aislada de medio mundo y encerrada en un internado humano, Sidney comprobará de primera mano que antes de ser moroi o dhampirs los chicos son personas, gente que sufre, ama y tiene problemas, y esa verdad es todo un mazazo a sus creencias, donde se dice que son abominaciones que hay que mantener a raya para que no se junten con los humanos. Si me permiten, es una forma de racismo un tanto atípica.

Durante todo el libro la cabeza de Sage es un tira y afloja, y eso me ha gustado a pesar de que también me ha desesperado. Por ejemplo, Sidney siente debilidad por Jill, y son muchas las ocasiones en las que hace el intento de abrazarla para consolarla o lo que sea, pero continuamente se ve reprimida por sus ideas preconcebidas, por lo que le han dicho desde la cuna. Además, también está su fobia -no puede ser llamada de otra forma- a la magia de los moroi.  Sidney solo cree en lo que ve, comprende y tiene una explicación químicamente lógica. Bien, la magia no la tiene, y si encima le añades que es practicada por vampiros -chicos que muerden, te chupan la sangre y bla bla bla- a Sage le entra un yuyu cósmico cada vez que una chispita sale de la mano de alguno que si no fuera por lo dramático de la situación me habría dado risa.    

Donde Rose era todo energía y pasión, Sidney es tranquilidad y sensatez. Sage actúa cuando ha calculado todos los pormenores, llegando a la raíz del problema con el mínimo número de bajas aunque sea mayor esfuezo.  Sidney quiere tener todo a raya, todo controlado, pero ni Jill, ni Eddie, ni Adrian -ni siquiera Keith- se lo pondrán fácil, haciendo que más de una vez pierda los papeles.

Jill en esta entrega ha sido quizá la que menos me ha gustado. En Vampire Academy yo conocí a una quinceañera divertida, llena de vida y dispuesta a dar la cara por lo quién sea, pero en Bloodlines es como si Jill se hubiera poseído por el espíritu Tontissa. No es tan débil como su hermana ni demuestra la misma dependencia por su guardián, seguro, pero la vulnerabilidad que demostraba Lissa en Vampire Academy ha acabado dándose en Jill, haciendo de ella una chica acomplejada e insegura que en muchas ocasiones me ha sacado de quicio. Los que me ha mantenido atenta a ella, sin lugar a dudas, es el extraño "vínculo" -OMG- que se ha formado entre ella y Adrian. Está patente en todo el libro, acercándolos de una manera que no me esperaba, y que me ha dejado con la boca abierta.

Eddie es un personaje que está, pero que no se ha lucido en demasía en este primer tomo, pero lo que he visto me ha dejado buen sabor de boca y con ganas de averiguar más de él. Lo único que he sacado en claro de Castile de momento es que daría la vida por Jill -por la que siente una obsesión- y que la muerte de Mason le ha dejado muy tocado, hasta el punto de que la aparición de Micah, un muchacho físicamente idéntico a Mason, le pone entre las cuerdas en más de una ocasión haciendo que se cuestione su valía como guardián.

Y aquí llegamos al punto fuerte de Bloodlines: El deseado, odiado, y sexy Adrian Ivashkov. Muchos no me vais a creer, pero depsués de leer este spin off me alegro, y no sabéis cuánto, de que Adrian no acabra con Rose. Quién no comparta mi opinión... bueno, voy a ser dictadora y a decir que están locos xD.

Bloodlines nació para Adrian, y Adrian nació para Bloodlines.

Tal vez no sea del todo objetiva con él porque es mi personaje favorito, pero Adrian es en mi modesta opinión el que más cambio -y momentos divertidos- proporciona al spin off. Ivashkov lleva una pesada carga, que no es otra cosa que un corazón destrozado y que él solo y sin ayuda debe reconstruir, pero que no desea recontruir. Hay momentos en los que el antiguo Adrian, ese moroi divertido, desenfadado y algo narcisista ha salido a relucir, pero en general me he encontrado con un chico lleno de amargura y tristeza, desencantado con la vida y dispuesto a todo por destrozar la suya propia.

Adrian se ve como una víctima del sistema -del sistema Belikov-Hathaway, of course- y su pasividad hará que Sidney saque lo peor tanto de ella como de Ivashkov, llevándolos a tener una relación de amor-odio con la que no podrás parar de reírte. Mientras que Adrian quiere ahogarse en sexo y alcohol, Sidney quiere que haga algo con su vida y espabile de una vez. Polos opuestos que deberán llegar a un entendimiento, y que han dejado para el recuerdo escenas memorables.


[...] Adrian asintió.[...]

- Gracias por cuidar de ella, Sage. Estás bien, para ser una humana.

Casi me río.

- Gracias

- Puedes decirlo también.

Caminé hacia el coche y me detuve.

- ¿Decir el qué?

- Que estoy bien... para ser vampiro - explicó Adrian.

[...]

- Te tomará tiempo que un alquimista diga eso. Pero estás bien para ser un chico juerguista con ciertos lapsus de brillantez.

- ¿Brillante? ¿Crees que soy brillante? -Adrian extendió las manos hacia el cielo - Mundo, ¿escuchaste? ¡Sage dice que soy brillante!

- ¡Yo no dije eso!

Adrian tiró el cigarrillo sonriendo de esa manera de al-quién-demonios-le-importa.

- Gracias por subirme el ego. Voy a contarles a Lee y Clarence tu maravillosa opinión sobre mí.

[...]

Conduciendo de regreso, decidí que los alquimistas necesitaban un departamento exclusivo para tener controlado a Adrian Ivashkov.

Adrian y Sage se llevan bien, pero hay un muro aparentemente infranqueable entre los chicos: las creencias alquimistas sobre moroi, dhampirs y magia. Lo que tiene una consecuencia: cuánto mejor se lleven, peor serán sus peleas, llevándolos hasta el límite de lo permitido y haciendo que más de uno reaccione y espabile.  

Y ahora que he descargado sobre los protagonistas principales pasemos a la trama. La historia me ha parecido algo lenta, inestable en los primeros capítulos, pero más divertida, misteriosa e incluso tierna con el paso de los capítulos. La alta dosis de misterio y rollos estudiantiles compensa la cagada del principio. Mead, como siempre, lanza un problema al aire que es el enlace principal de la trama (esconder a Jill) pero que luego se ramifica en varias subtramas (misterio de los tatuajes, líos amorosos, vida estudiantil) cuyo misterio solo hace crecentar la adicción por la lectura, llegando al punto álgido al final, donde todo se resuelve pero dejandoalgún que otro cabo suelto y dando un golpe de efecto -este con nombre propio...- para mantenernos en vilo y en parada cardíaca hasta el siguiente volumen.

Lo que me ha pasado con Bloodlines es que ha sido un giro de tuerca tan radical, con tantas sorpresas que ni imaginaba -es que no se me pasaron por la cabeza ni antes ni después- con un final tan impresionante y personajes tan diferentes a los ya conocidos, y con nuevos secundarios que me cuesta hacerme una idea de qué va a venir ahora. Pero como dijo mi amiga Rose: Seguro que será bueno. 


Nota:

Y si pudiera le daría más.

Si no lees Bloodlines te perderás el spin off y los spoilers de la mejor saga vampírica de todos los tiempos, incluyendo al vampiro más carismático del panorama juvenil.

Y nada más por mi parte.

¡Nos leemos! 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ke ganas de q salga en españo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Aunq me enoja q no salga mi amante dimitri jajaja

Misao dijo...

Me ha encantado la reseña, me la he leído enterita y eso que sólo voy por la tercera parte de VA aunque no me importa mucho spoilearme un poco XD.

Le tengo muchas ganas a Bloodlines aunque tengo entendido que apenas hay lío amoroso...


Saluditos!!!!!

Lana Drown dijo...

¡Guapa! Vengo a saludar después de mis vacaciones y me encuentro con esto... ¡Qué envidia! Pero milagrosamente he encontrado mi Papyre desaparecido tras la mudanza, así que podré volver a retomar el 5º de VA que lo dejé a medias, y por fin empezar con este. ¡Qué ganas!

Eliana Cabello dijo...

disculpa hay algo q no entiendo ya lei lasd dos sagas pero en una la hermana bastarda se llama carolina y la otra jill??? no entiendo... capas que me perdi algo...

muchas gracias!!!!

eli

Eliseღ dijo...

Yo también me siento perdida en cuanto al tema de la hija ilegítima Dragomir. Recuerdo haber leído bien clarito que se llama Carolina.